Tengo una piña
El derecho a la propiedad privada no está discutido en nuestro tiempo. Todos consideramos que ese derecho existe en mayor o menor medida, independientemente de que a nuestas cosas les tengamos mayor o menor apego o las defendamos con más o menos ahínco.
Un empresario que tenga trabajando para sí a un sólo operario, no puede hacer con su empresa lo que le de la gana, pues con sus actos estará condicionando el método de subsistencia de su empleado y de todas las personas que dependen de él. Las personas no pertenecen a nadie. Si en vez de ser un empleado son mil, el capricho del dueño de la empresa se convierte ya en un problema social. Aquí lo de “la maté porque era mía” no vale, la gente se podría enfadar si perciben que están jugando con el pan de sus hijos. Mil obreros enfadados es mucho enfado junto, pero como aún por encima rabien, rabiña y empiecen a piñas…



Las personas no son un recurso más, no se puede medir ni tratar de la misma forma. Los empresarios responsables lo saben e incluso por su propio beneficio, si son inteligentes, intentan crear ambientes de trabajo estables y agradables para conservar a los mejores.
Trabajé en una empresa en la que el lema era: los mejores se van, a los malos los echamos, se quedan los mediocres. Ya no existe.
Con todo este rollo lo que quiero decir es que además de una responsabilidad, que lo es, es una necesidad de supervivencia pensar en el conjunto.
La llamada responsabilidad social que tiene todo empresario y que sería lo primero que tendrían que aprender a gestionar. Muchas veces esta responsabilidad se convierte en servidumbre, y es lo que no debemos consentir.