Castrad la calma de los tibios
El artículo de Gonzalo Sanchez-Terán de este fin de semana era Castrad el alma de los tibios, pero leí mal el título, y donde Sánchez-Terán puso el alma, yo puse la calma.
Le cambié el título por error, pero después de leer todo el artículo me ratifico: los que permiten tales cosas no tienen alma que castrar, pero disfrutan de una insultante calma que no merecen.
(La foto es del propio Gonzalo Sánchez-Terán: Mujeres y niños en las afueras de Koukou, a donde han llegado desde Tiero huyendo de los rebeldes)



según el propio Sánchez-Terán, el mismo hecho de ser conscientes de tanta injsuticia hace que poco a ppoco cambiemos el mundo. Si alguien que convive con el horror es optimista… qué hacemos los demás?!
El cambio es todos los días desde todas partes.
Qué pasada! Es horrible. ¿Qué se puede hacer, Verme?